Cómo interpretar correctamente la información que recibes de los laboratorios
Cada semana, un farmacéutico recibe más información de la que puede procesar:
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estudios,
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presentaciones,
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formaciones,
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claims,
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“datos diferenciales”.
El problema no es la información.
El problema es no tener un método para leerla.
La industria no es el enemigo (pero tampoco el árbitro)
La industria es necesaria, aporta innovación y conocimiento.
Pero su función no es tomar decisiones clínicas por ti.
Cuando no hay criterio, el mensaje más convincente se impone.
Cuando hay criterio, la información se convierte en herramienta.
Tres preguntas que deberías hacerte siempre
Antes de integrar un mensaje en tu práctica, pregúntate:
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¿Este dato cambia realmente mi recomendación?
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¿Está respaldado por evidencia independiente o solo por material del laboratorio?
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¿Es relevante para mi tipo de paciente real?
Si no pasa este filtro, no merece ocupar espacio mental.
El sesgo más frecuente
Confundir “bien explicado” con “bien fundamentado”.
Una buena presentación no equivale a buena evidencia.
El rol adulto del farmacéutico
Interpretar información no es desconfiar de todo, sino:
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contextualizar,
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contrastar,
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decidir con autonomía.
Eso es profesionalidad.

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